Saturday, Dec, 04, 2021
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El CONFLICTO NO ESTABA EN LA TORTILLA DE PATATA

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¿Podemos escribir historias sin conflicto? Si. ¿Podemos no poner el punto final a nuestras historias hasta el día del juicio final? También. Pero, quién nos leería si escribiéramos así. Pues eso.

A menudo las mentes más criticas con las historias ajenas son las más permisivas con las propias.

Escribir sin generar conflicto es como hacer un cocido solo con garbanzos. ¿Dónde está el primer tropezón? ¿El jamón, el trocito de pollo, la verdura que sale al paso?

¿Por qué nos parece tan suculento escribir la historia de alguien que quiere ir a reflexionar a un monte sin más? ¿Porque somos nosotros los que necesitamos reflexionar? Muy bien, pero ¿por qué necesitas torturar a los otros escuchando tus reflexiones?

Si quieres escribir una historia para que otras y otros la dramaticen, la dirijan, la fotografíen,… piensa en todos ellos también.

Escribir generando conflictos grandes o pequeños que nos vayan llevando a lugares insospechados no significa meter a nuestros protagonistas en líos al estilo James Bond. Se trata de que nuestro protagonista encuentre un problema incluso en el tenedor con el que se va a llevar el trozo de tortilla española a la boca. ¿Por qué? Porque está hambriento y el tenedor se deshace al contacto con el huevo caliente. ¿De qué están hechos los tenedores? ¡Dios mio! ¿Tendré cáncer? ¿Cuántos años llevo utilizando este tipo de tenedores? O, porque se le rompen las púas, o, porque está tan mal hecho que no se clava en una tortilla dura como una piedra que lleva dos días hecha. Este es un tipo de conflicto absurdo, sí, pero conflicto.

Crear un conflicto es inventar un dilema aunque ya esté inventado previamente, es fortalecer tu historia, es ponerte retos a ti y a tu personaje. Es crecer como escritor mientras crece tu historia y con ella las personas que lo habitan dentro y fuera.

Ah, y otra cosa: tu personaje es libre. Sí, libre de ti, autor. ¿Qué no?

Alicia Luna

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