Wednesday, Sep, 28, 2022
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Amazonear* es un verbo que acabo de incorporar a mi lenguaje cotidiano profesional y que tomo prestado de María Pérez Conchillo, psicóloga que generosamente practica el “enseñar lo que aprendí”.

images-1 La manera de amazonear de muchos guionistas es la de pasar por sus historias seduciéndolas pero sin someterse a ellas, al estilo de estoy contando una historia de tres hombres que se van de juerga y lo que les pasa es la suma de situaciones divertidas hasta que el novio llega borracho y maltrecho a la boda.

El Síndrome de Amazona lo tienen aquellos hombres y mujeres que juegan a seducir al otro, pero que tienen el cuidado o el descuido de no llegar a ningún puerto.

images En la escritura de guion este síndrome es más frecuente de lo que pensamos. Jugamos a creer que estamos construyendo personajes cuando simplemente estamos paseando alrededor de la verdadera construcción de ellos. Jugamos a que estamos construyendo una historia cuando lo que hacemos es pasárnoslo bien inventando situaciones sin ser conscientes de que esas situaciones no hacen cambiar a mi personaje, no hacen avanzar la historia que simplemente progresa hacia el minuto ciento veinte. Llegados a este punto hemos de reconocer que somos más seductores que guionistas. Y que somos incluso capaces de vender nuestro guion perfectamente a quienes nos escuchan. Es el espectador el que finalmente no puede soportar esa película desde la butaca.

MENOS AMAZONEAR Y MÁS TRABAJAR

images-2Amazonear está bien para ligar sin mojar y hacer que nos suba la autoestima, pero para construir personajes vamos a llegar hasta el tuétano mismo de quiénes y cómo son.

Y podemos, por ejemplo, incorporar nuevos caminos de construcción de personajes. ¿Nos hemos preguntado, por ejemplo, si quieren nuestros personajes ser como son? Se llama Adela, vive en un pueblo de Murcia y fabrica alpargatas luminosas que vende en todo el planeta. Vive con su marido y con su hija pequeña. El marido es hortelano y ella lleva en secreto el inmenso negocio que le está proporcionando la venta de alpargatas que realiza por internet. No quiere romper el pacto familiar de vida bucólica y tranquila. Pero está preocupada por el futuro de su hija y por el futuro de su vejez, la de ambos. ¿Qué pasará cuando a su marido el lumbago le venza? Pues tirará de sus ahorros. Bien hasta ahí. Historia bien amazoneada para contarle a un productor que va a invertir en tu historia. (Es un ejemplo, que de esos productores ya casi no quedan). Pero ¿quiere tu personaje ser cómo es? ¿cómo es? ¿Sumisa, alegre, romántica? ¿Quiere ser así? ¿Qué pasa si es sumisa en casa e indomable fuera de ella?¿Por qué no pueden nuestros personajes viajar entre dos maneras de ser dependiendo del territorio que habiten en cada situación? ¿Nos ha dicho algún pope del guion que no se deba, no se pueda?

¿Qué concepto tiene de si mismo mi personaje? Esta es otra pregunta que no el guionista que amazonea nunca se hace. Ni siquiera se la hace de sí mismo.

¿Dónde está el objetivo que persigue mi personaje? ¿Dentro o fuera de su territorio de confianza? Esto, sin duda alguna, va a influir en su manera de acometer la lucha o el camino para conseguir ese objetivo.

A menudo les digo a los alumnos que EL PERSONAJE ES LIBRE y también sé que a menudo nadie me entiende. Y digo que es libre porque tenemos que ser capaces de construirlo de tal manera que sea él a través nuestro el que decida cómo quiere ser y cómo quiere llegar a ese objetivo que le hemos planteado como autores. Yo he creado al personaje porque soy su autora, pero el personaje alcanza la mayoría de edad como en Boyhood o en Cuéntame y decide casi sin que yo sea consciente, que quien decide cómo es y cómo acometer las acciones me viene dado por los atributos de carácter y personalidad con que le he construido.

Sería muy útil revisar a Pirandello y a Unamuno.

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Nota: Amazonear, de Síndrome de Amazona, término aprendido en el Taller de Counseling dirigido por María Pérez Conchillo.( Instituto Espill www.espill.org )